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Análisis del documento "Per Catalunya"

El documento "Per Catalunya" elaborado por la Fundación Rafael Campalans, presentado por Pascual Maragall el pasado 9 de septiembre y aprobado por el Consell Nacional del PSC del 4 de octubre pasado aparece en el escenario político en un momento especialmente complejo. Se nota que es un documento elaborado durante el invierno y primavera pasados y que no tiene en cuenta los últimos acontecimientos. Los medios de comunicación han informado que yo fui el único consejero que no lo apoyé y quiero por ello dar mis razones con el siguiente análisis.

El documento tiene una introducción y cuatro partes. En la introducción se hace una breve referencia histórica del catalanismo haciendo énfasis en reivindicar la existencia dentro del mismo de una pluralidad según el eje ideológico clásico izquierda-derecha, o si se prefiere progresismo-conservadurismo, aunque no puede evitar reconocer que en la práctica política de estos últimos veinte años "s'ha produït un decantament del catalanisme polític cap a la tradició mes conservadora", afirmando que esto se debe a "la política realitzada per CiU des de el govern de la Generalitat", obviando que el gobierno de la Generalitat es de CiU porque, la sociedad catalana que ha ejercido su derecho a voto, mayoritariamente ha optado por el conservadurismo considerando que éste respondía mejor a sus intereses. De esta concatenación de causas y efectos cabe deducir que si ha habido una política conservadora es porque el catalanismo es en su mayoría conservador. La dirección del PSC en este punto intenta negar esta evidencia y persiste en situar su oferta -la que debería ser la oferta del socialismo catalán- exclusiva e íntegramente dentro del ámbito del catalanismo.

A este fin dedica las cuatro partes del documento trasponiéndose ideológicamente y, en vez de proclamar que el socialismo es autogobierno, que el socialismo es integración y cohesión social y que el socialismo es federalismo, proclama en un ejercicio de autorreducción que "el catalanisme és autogovern, el catalanisme és integració i cohesió social i el catalanisme és federalisme" cayendo con ello en la incoherencia de negar al catalanismo la pluralidad ideológica que en la introducción planteaba.

En el apartado titulado "Catalanisme és autogovern" se encuentra el núcleo fundamental de las tesis que han sido difundidas por los medios de comunicación y que hacen aparecer al documento como una reflexión que ha tenido en cuenta seriamente reflexiones como las realizadas recientemente por el Foro Babel. La afirmación "Un catalanisme basat només en els aspectes lingüístics i culturals corre el risc d'excloure del seus plantejaments una part important (50%) de la societat catalana, que no té el català com a primera llengua" y la de que "El nostre autogovern es veurà reforçat el dia que hi estiguin a favor i el sentin com a seu (i per tant participin en els processos electoral) els ciutadans de Catalunya que no s'expressen en català" se situan en este punto. Frente a estas reflexiones, lúcidas y justas por una vez y sin que sirvan de precedente, se cae de nuevo en la incoherencia cuando, después de afirmar que "La nació deriva de la voluntad de les persones", que "Som una nació perquè avui i aquí el ciutadans i les ciutadades de Catalunya volem ser-ho" y que "La nació és autogovern, la voluntad col·lectiva de ser", pasa a afirmar a renglón seguido "però és també [la naciò] un conjunt de símbols i elements intangibles amb els quals ens sentim identificats amb major o menor grau", símbolos que para los autores del documento son "el fet fundacional de la realitat nacional".

No hace falta ser muy lúcido para deducir, después de lo dicho, que los hechos fundacionales –símbólicos e intangibles- de la realidad nacional que el catalanismo impulsa, son precisamente los que han provocado la abstención del 50% de la sociedad catalana. Con ello puede que se salve la legalidad democrática de sus instituciones, pero su solidez democrática es más que dudosa si aparecieran contradicciones entre las instituciones estatales y las autonómicas.

Conviene retener este concepto de "los hechos fundacionales que se impulsan", a la hora de entrar a analizar el segundo punto del documento que se titula: "Catalanisme és integració i cohesió social". En este punto se condensan los elementos clave del proyecto sociológico de la "versión socialista" del catalanismo. Tras intentar esquematizar las distintas doctrinas existentes sobre la dinámica de las sociedades multiculturales y su gestión, tres ideas sintetizan el pensamiento de los autores del documento respecto a la pluralidad cultural e identitaria. La primera se refleja en la expresión: "cal afirmar sense equívocs que la diversitat es reconeix però no es projecta. Projectar la diversitat és organitzar la segregació". La segunda es que "La fusió, la construcció d'una identitat comuna, és un objectiu inexcusable, perque la nostra concepció de les coses passa per l'existència d'una societat cohesionada, perquè sabem que només en aquest terreny poden créixer i estendre's la llibertad, la justícia i la igualtat". La tercera es que "Aquest procés de fusió que considerem imprescindible no comporta un dibuix final preestablert. El resultat depèn sempre d'un procés de selecció social de les matèries primeres identitàries que hi concorren i que és imprevisible en els seus resultats"

.Cabe preguntarse con estos postulados ¿cómo se establece el proceso de selección de las citadas materias primas identitarias si no es a través del reconocimiento y la gestión de la diversidad?, y ¿qué es gestionar la diversidad sino detectar unas necesidades, establecer unos objetivos, asignar unos recursos y optimizar su aplicación?. Además, ¿hasta qué punto no es un acto de proyección identitaria la creación de una obra literaria o una canción o una tesis doctoral?. Y si esto es así, ¿quién puede definir la frontera entre la consecución de unos determinados objetivos en el marco de la diversidad cultural e identitaria y la proyección de la misma?. ¿Cómo es posible mantener "la garantia que el procés está certament obert a la diversitat, sense restriccions, inclosa la diversitat i llibertat lingüística com a valor de present i de futur", sin que ello implique alguna forma de proyección de la diversidad?

Más allá de estos problemas para definir fronteras válidas para la proyección y desarrollos identitarios, hay en el documento una afirmación peligrosa: la de establecer una condición previa de cohesión social identitaria para que puedan crecer la libertad, la justicia y la igualdad. Afirmar esto en Cataluña implica poner por delante el impuesto cultural y lingüístico al impuesto económico, afirmación que hecha desde el campo socialista no deja de sorprender. Recientemente el Conseller Artur Mas ha apuntado con oportunidad política que es el mantenimiento del estado de bienestar lo que garantiza la cohesión social y con ésta la posibilidad de que acabe implantándose un sentimiento común de identidad. ¡Exactamente lo contrario de lo que se afirma en el documento!

Quizás el dato más revelador se expresa cuando se establece como condición básica también en el proceso de construcción de la identidad común que "la garantia que el català, la llengua especifica del país, serà salvada, esdevindrà causa comuna de tota la ciutadania". Aquí hemos llegado al meollo de la cuestión del proyecto sociolingüístico. ¿Qué se entiende por salvar una lengua?. ¿Cuándo se considerará que está salvada?.

Con estas premisas hoy, además, hay que preguntarse si la actual composición de la clase política que dirige el país desde el gobierno o desde las distintas opciones de la oposición, responde en su perfil identitario a un "procés de selecció social de les matèries primeres identitàries" en el que se han respetado "la garantia que el procés está certament obert a la diversitat, sense restriccions, inclosa la diversitat i llibertat lingüística com a valor de present i de futur", o por el contrario dicho proceso de selección social ha supuesto en realidad un proceso de selección adversa para aquellos que podían representar un riesgo para su modelo de "identitat comuna". Es erróneo pensar que mantenerse leal a una identidad y proyectarla incluso en el futuro suponga acomodarse en un "apartheid" o alimentar exclusión ninguna, probablemente algunas de las tensiones que hoy vivimos hubieran tenido otro devenir si realmente se hubiera aprovechado toda "la capacitat innovadora i l'esperit creatiu de la societat" en gestionar y proyectar la diversidad, porque proyectar la diversidad es precisamente la tarea pendiente que tenemos que hacer en España.

El tercero y último apartado del documento aborda precisamente lo que el segundo apartado niega en el fondo: la diversidad debe no sólo reconocerse, sino que debe gestionarse y proyectarse. El problema está en si la diversidad es de los territorios o de las personas. El documento plantea que la diversidad es de los territorios y bajo el título "Catalanisme és federalisme" propone una nueva organización del estado sobre la base del reconocimiento de una "Espanya plurinacional, democràtica i federal" a través de un nuevo pacto constitucional que renunciando a la lealtad nacional implícita en la Constitución de 1978 dé paso a la nueva "lleialtat federal", probablemente hasta que nuevas condiciones políticas (¿democráticas?) permitan sustituirla por una nueva "lleialtat confederal" o la "lleialtat europea" en último término...

La federalización del estado en esta propuesta "Per Catalunya" implicaría cinco iniciativas: el desarrollo de las transferencias pendientes, la reforma de la administración del estado, la reforma del senado, un nuevo modelo de financiación autonómica y reforzar el poder de las corporaciones locales. De todas ellas hay una especialmente significativa por lo que tiene de regresión democrática. En la reforma del Senado se propone que éste tenga una composición más reducida y que su composición se determine mediante una representación de segundo grado a partir de los parlamentos autonómicos. Tal propuesta además de democráticamente regresiva confirma que para el catalanismo la abstención en las elecciones autonómicas constituye un valor político que debe explotarse a fondo. Este tercer punto acaba sentando las bases para poder hablar en el futuro de los valores y la tradición de la "lleialtad europea".

El cuarto y último punto carece de valor político añadido y sólo sirve para el cierre retórico del documento. Por todo lo expuesto mi voto fue negativo.

 

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