socialmente progresista,
nacionalmente laico y
culturalmente plural.
Después de 19 años de hegemonía
pujolista sin que el PSC haya sido capaz de ser una alternativa real con ninguno de los
tres candidatos presentados: Raventós, Obiols y Nadal, representantes todos ellos del
catalanismo progresista más ortodoxo; es obvio que debe plantearse algo más que una
renovación en nuestra ofertas, algo más que profundizar en nuestro proyecto. Debemos
ofrecer a la sociedad catalana un cambio. Algo realmente innovador. Una
nueva ilusión. Una nueva concepción de Cataluña.
Si he tomado la decisión de
participar en el proceso de "primarias", con el que el PSC se ha comprometido
con la sociedad catalana, es porque -tras más de 20 años de participación activa en el
seno del partido- tengo la seguridad de que puedo ofrecer al conjunto del mismo ese
proyecto innovador, esa nueva concepción de Cataluña. Quienes conocéis
mi trayectoria sabéis que es verdad y que en el conjunto de aportaciones que he hecho,
tanto en los distintos congresos de nuestro partido como en las reuniones de su
Consell Nacional, se encuentran suficientes elementos para que dicha alternativa tome
cuerpo y que lo puedo hacer con credibilidad y sin sombra ninguna de oportunismo
político.
Cataluña, es decir los ciudadanos y
ciudadanas catalanes, necesita que desde la izquierda se asuma el reto
que el nuevo orden económico mundial lanza a las sociedades avanzadas, como ya se está
planteando en otros paises europeos: rediseñar el papel de los poderes públicos
ante el nuevo equilibrio entre los factores de producción y la nueva distribución
internacional de los sectores productivos.
Cataluña es probablemente una de las
sociedades que mejor ha conocido las consecuencias de operar en marcos económicos en los
que, junto a la movilidad de los capitales y las mercancías, más se ha acusado la
movilidad del factor trabajo. La Cataluña que hoy conocemos no existiría si no se
hubieran producido la movilidad geográfica de millones de ciudadanos
en el seno del mercado unificado que España ha representado para ella.
Pero de la misma forma que con esa
aportación Cataluña ha conseguido sus actuales niveles de progreso, con ella y
precisamente por ella Cataluña debe hacer frente a nuevos retos.
El primero y más importante es el de
asumir el valor del laicismo nacional como elemento indispensable para
salvaguardar la cohesión social. Las viejas banderas y los viejos símbolos deben dejar
paso a una concepción más laica de la sociedad y de sus instituciones públicas, porque
éstas han de representar a todos sus ciudadanos.
Es cierto que hay una relación
directa entre homogeneidad cultural y cohesión social, esto lo saben bien los regímenes
autoritarios y con grandes desigualdades sociales; sus gobiernos exaltan los valores
simbólicos como el patriotismo o la religión. En estos casos la cohesión social se
consigue con los "impuestos culturales" que pagan los más débiles
a los más poderosos. Este no es el modelo de cohesión social que el socialismo
democrático debe buscar.
Nuestro modelo de cohesión social
debe preservar los rasgos identitarios de las personas y crear las condiciones para su
desarrollo en un marco de respeto a la multiculturalidad. Este modelo lo
pagamos todos en función de nuestra riqueza. Es el único justo.
En la actual coyuntura política y
económica española un segundo reto se le presenta a Cataluña, una oportunidad
inmejorable para poner en marcha en la práctica el verdadero alcance de su vocación de
sociedad diferenciada y avanzada. Cataluña debe asumir el mantenimiento del
esfuerzo fiscal realizado hasta la fecha trasladándolo al tramo autonómico. De
esta forma estaremos en condiciones para llevar a cabo las inversiones en las
infraestructuras que tan necesarias son para elevar nuestra calidad de vida y nuestra
capacidad innovadora y competitiva, así como para dar el impulso adecuado a nuestro
sistema educativo y asistencial.
Esta y no otra es la vía a la
cohesión social, hacia una cohesión social productiva, creativa, incentivadora,
justa y solidaria.
Este es el cambio de mentalidad que
debe instalarse en nuestro partido y creo que éste es capaz de afrontarlo. No pretendo
hacer tabla rasa de la actual situación. Sé que tendré que negociar
con lo que son las distintas "familias" que configuran la médula espinal del
partido. Nos conocemos desde hace mucho tiempo y sé que este nuevo equilibrio no sólo es
posible sino que es necesario. Conmigo nadie sobra en el partido. Pero hoy en el
partido falta lo que os he planteado en este manifiesto. No es incompatible.
De tu voto depende.
Julio Villacorta García